Pues si, amigos, esta historia comienza un día cualquiera en las instalaciones de Microsoft, en la Finca, Pozuelo. En uno de mis recesos, durante un curso informático, salí aventurado a la puerta de “Spectra” sin saber que aquella parada furtiva me iba a deparar multitud de alegrías y a su vez, responsabilidades.
Para entender la situación, la Finca es un conglomerado de empresas de una edificación muy peculiar, donde se encuentran situadas unas fuentes de agua para el disfrute del personal en sus momentos de descanso, y donde las paredes de dichas empresas son paneles de cristal muy reflectantes y “reflejantes” (:-|, no se si existe dicha palabra). El punto inicial de mi historia, en la que no intervengo, me imagino yo, que debió de producirse como sigue:
1º- Algún ricachón propietario de los chalets de lujo que hay en la zona, debió de comprar a su hijo/a una carolina.
2º- Cansado de la carolina, decidió soltarla. Otra hipótesis es la fuga de la misma en un descuido del propietario.
3º- La Carolina (lutina perlada arlequinada) debió refugiarse en el pinar que hay en la zona y conocer a otra ninfa (un machito) y reproducirse con el tiempo, teniendo crías.
Es en este momento de la historia, cuando dejamos las suposiciones y se transforma en mi realidad.
4º- La Carolina, con una de sus crías (un macho cariblanco precioso) se acercó a beber a las fuentes antes mencionadas, con la mala suerte que se desorientó con las cristaleras de las paredes golpeándose hasta que fue recogida por un trabajador de Coritel – Accenture (edificio al lado de Microsoft) según me contó un guardia de seguridad, y desapareció con la madre. (Aquí es donde yo intervengo) En ese momento, fue cuando salí al descanso y me encontré a la cría solitaria, sin saber que hacer, sin saber volar, sin refugio ni amparo ya que la madre había desaparecido, y fue cuando tome la decisión de ampliar mi familia. Mis picotazos me costó, ya que al cogerla, como es lógico, el animal se asusto y me reventó dos yemas de la mano.
Se que puede haber gente que diga que la privé de su libertad el día que la cogí, pero en aquel entonces no quise arriesgarme a que muriera de inanición, la pillara un coche, la cogiera otra persona y no la cuidara correctamente, se la comiera un gato, yo que sé, y que hubiese muerto, quedando en mi consciencia el saber que yo pudiera haber hecho algo y no lo hice.
La pobre cría tuvo que aguantar a que yo acabara el seminario (2 horas restaban), dentro de una caja de cartón , que me proporcionó el chaval de mantenimiento de Micro, a la cual le hice unos agujeros en los laterales para que la cría pudiera respirar. Una vez acabe el seminario, echando leches cogí la nave (como dice el fari en el making-off de la mandanga) y me dispuse a llevarla a la única tienda de animales que conocía del barrio.
Según llegué a la tienda, aborde a la pobre dependienta, realizándola mil preguntas respecto del ave, tipo: ¿Que tipo de animal es? ¿Que comen? ¿Venden jaulas? ¿Es hembra o macho? ¿Son de interior o exterior? ¿Que cuidados necesitan?.
Lo primero que hice fue comprarla una jaula de tamaño medio, algo de comida, una piedra de calcio, y comederos y bebederos adaptados.
Según pasaron los días, la cría se fue adaptando, y yo por mi lado, fui documentándome de los cuidados para dicha especie y poco a poco fui adquiriendo los conocimientos necesarios para poder darles un trato correcto, lo que llevo a que fueron cayendo más complementos:
- Vitaminas.
- Barras de mijo (panizo).
- Bolsas de comida Vitakraft.
- Antiparasitarios.
- Juguetes y zona de recreo.
- Nuevas perchas.
- Una bañera para su disfrute.
- Tierra especial para ninfas.
- Como no, el nido.
Al cabo de una semana, y estando cerca mi cumpleaños, decidí que un simple espejo colgando a modo de entretenimiento no era suficiente compañía, y que la jaula que había adquirido no era lo suficientemente grande y tome la decisión de acercarme a una tienda más especializada en este tipo de animales, para comprar una jaula mejor donde tuviera mayor libertad de movimiento y desplazamiento gracias a una mayor amplitud. La jaula adquirida fue una de metal galvanizado para Yacos (loros) que me costó 200 euros, de los cuales mi padre aportó la mitad como regalo de cumpleaños. Lo siguiente fue adquirir una supuesta compañera para mi cría, y digo supuesta, porque hasta hace poco no estuve seguro de si era macho o hembra. La compañera destinada a mi cría de macho gris cariblanco fue una lutino perlada arlequinada (igualita a su madre), y desde aquel día se les otorgó el nombre de Valentines (Valentín y Valentina).
En la imagen podéis ver parte de la jaula con mis dos pichones.

La jaula tuve que acondicionarla un poco, pero conté de nuevo con la inestimable ayuda de mi padre que se acerco al leroy merlin y adquirió lo que hoy son las barras de soporte para mis pichones, previa adaptación a la jaula con una pequeña sierra con la que realice las ranuras de anclaje. Otra de las cosas que adquirí fue el nido, con expectativas de que algún día tuvieran polluelos.
Hoy puedo decir que me siento muy feliz de los buenos momentos que me hacen disfrutar mis chicuelos, sobre todo, habiendo pasado algún que otro momento malo con ellos, como fue cuando se me puso mala la hembra, al coger una infección en el ojo, cosa que me costo una visita al veterinario de exóticos, y un mes de tratamiento con colirios y antibióticos, previa separación temporal de los mismos, pero por otro lado, tengo que decir que ya se han acostumbrado a verme y a que sea yo el que les doy la mayoría de los cuidados que hoy tienen, aunque de vez en cuando mi novia me echa un cable, como puede ser cambiar el agua todos los días, limpieza de jaula una vez a la semana (telita lo que enguarrinan cuando les da por cribar la comida, pero no hay más remedio ya que sus heces pueden producirles enfermedades), colgarles lechuga o panizo de vez en cuando, acercarme a hablarles con cuidado y delicadeza para que no se asusten, silbarles cada dos por tres, etc.
De momento, tengo suerte de que están entretenidos casi siempre, y no les da por tener comportamientos extraños que a veces se les otorga a dicha especie, como es el arrancado de plumas o el piar sin parar por aburrimiento.
Ahora, les tengo en invierno dentro de casa, y en primavera y verano les saco a la terraza (tengo una terraza bastante grande) a una zona con sol y sombra donde no hay corrientes de aire bruscas, pero por si acaso, los días que refresca un poco, por la noche les tapo con una sabana y unos cartones alrededor, aunque si os digo la verdad, aguantan muy bien desde las 9:30 de la noche hasta las 8:00 de la mañana del día siguiente sin piar lo más mínimo.
Por otro lado, de vez en cuando les saco dentro del office de mi casa para que se den un rulo, y les pongo un barrote en la parte superior de la jaula (la jaula se abre de dentro hacia fuera en la parte superior y dispone de una zona para situar a los animales) en la que se pasan los minutos la mar de entretenidos y se suben a mi mano sin rechistar (aunque este acto me cuesta un poco más con el macho cariblanco) como podéis ver en las fotos.

¿Y donde esta el final feliz? pues bien, llegada la primavera, el macho no ha parado de montar a la hembra hasta 2 y 3 veces diarias, y ahora no paran de entrar y salir del nido (a veces están los dos dentro, jajaja), con lo que la historia continua, y según leo en los foros, si todo va bien, en 10-15 días puede que me hagan abuelo, aunque estoy un poco nervioso porque no se si sabré darle a los polluelos los cuidados que se merecen. Tengo claro que me quedaré alguno si se produce dicho acontecimiento, pero me desharé del resto, eso si, teniendo la certeza de que a quien se los otorgue, les dará el cuidado que se merecen.
Saludos y si habéis leído hasta aquí, gracias por vuestra atención.